Mariano Sardón intervino el Espacio Fundación Telefónica y le entregó cuerpo y materialidad a los procesos de comunicación digital.
La relación entre el Arte y las nuevas tecnologías y medios no es nueva. La misma derivó en múltiples prácticas que nos obligan a hablar de una nueva materialidad de la obra de arte, pero también de una nueva relación entre artistas y científicos, y de un nuevo comportamiento del espectador ante el arte. Este último, en tanto “utilizador” de un sistema, ya no se limita a intervenir sino que participa interactivamente en la obra, la cual reacciona o responde a las acciones de ese espectador-utilizador.
Ante el avance de las nuevas tecnologías de comunicación en nuestras sociedades, existen dos vertientes de pensamiento; aquellos que ven este fenómeno como el camino para alcanzar un futuro más equitativo y democrático, y los que sostienen que el uso y, en ciertos casos, el abuso de las tecnologías puede acrecentar la alienación en el individuo.
Telefonías provoca una grieta entre estas dos posiciones; y la tecnología digital se descubre a sí misma, exterioriza su funcionamiento y origina un espacio de reflexión y participación donde aprehendemos estéticamente el mundo tecnológico en el que vivimos.
La materialidad que le otorga Mariano Sardón al proceso comunicativo vuelve paradójico el juicio sobre la desaparición del arte actual que plantea Paul Virilio [1]. Así, los distintos cuerpos, con los que el artista envuelve al dinamismo de la comunicación, nos proponen una “parada”, una zona donde está presente el peligro pero también crece lo que salva.
El artista interviene la relación entre el Espacio Fundación Telefónica y la central telefónica del Edificio Juncal (CTJ), operando sobre la arquitectura y el tráfico de llamadas relevadas y distribuidas por la central.
En la escalera del edificio nos encontramos con una caótica trama de tuberías transparentes, en cuyo interior, aire y líquidos coloreados recorren su forma. Las llamadas entrantes y salientes, nacionales e internacionales que llegan a la zona de Recoleta, producen variaciones en los patrones de tráfico. Esas variaciones continuas alteran la cantidad de aire y la velocidad del líquido que circula por las tuberías.
Cuatro máquinas de escribir, nos detienen en la sala I. Colocadas junto a dos pantallas, nos invitan a una acción que recupera las características táctiles y sonoras de lo mecánico, junto a la textura de la tinta sobre el papel. Inmediatamente, las palabras que mecanografiamos son manipuladas por el flujo de las llamadas que la central procesa en el mismo momento de nuestra acción; y son trasladadas a la pantalla. Las leyes de circulación ya no corresponden al mundo físico, y nos adentramos en un espacio impredecible. La propiedades de ese universo virtual están determinadas por cientos de personas que se encuentran fuera del edificio. De este modo, tanto el papel que despide la máquina de escribir como la superficie de las pantallas, se convierten en un palimpsesto posmoderno, donde todavía están las huellas de escrituras anteriores en la superficie, aunque borradas expresamente para dar lugar a una nueva expresión. La escritura se convierte en el eco de otra voces, entrelazando los tiempos, las voces, los contenidos y los espacios.
En el piso superior, se sitúan el conjunto de bombas peristálticas que introducen el aire en el flujo de los líquidos coloreados que recorren las tuberías que transitan el espacio arquitectónico. Junto a las bombas, una proyección extendida revela el cableado por el que las comunicaciones circulan originalmente; creando una analogía visual con los tubos de colores.
En el mismo piso, los programas, esquemas, cifras, dígitos y procesos se han traducido a un tipo de visualización más simple y concreta que expone la estructura interna de la intervención; aquel espíritu de la caja negra.
Telefonías convierte en tangible a la infinidad de las redes de información; nos permite ser conscientes no sólo de sus efectos sino de su proceso interno y oculto.
Una vez más, el Arte hace visible lo invisible; aquello que no podemos tocar, haciendo emerger los espacios velados y sepultados por la inmaterialidad del mundo actual.
[1] Vegeu Catherine David, Paul Virilio. Alles Ferting: se acabó (una conversación). Acción Paralela. Nº 3. Laura Reginato







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